ESTO NO ES UNA PIPA

Tenemos un gran poder, la imaginación, pero como todo gran poder, también conlleva una gran responsabilidad.

René Magritte tiene un cuadro en el que se puede ver escrito en francés lo que vendría a ser “Esto no es una pipa»

Podéis ver la imagen, pensar sobre si esa frase tiene sentido o no.

Se ve una pipa de fumar, aparentemente no hay duda sobre si es o no una pipa, se ve claramente que sí.

Sin embargo Magritte asegura todo lo contrario.

Realmente el pintor no miente, dice la verdad.

Efectivamente no es una pipa.

Es la pintura, el dibujo, la representación de una pipa.

Puede parecer un detalle sin importancia, pero realmente la tiene, y mucha.

Pongamos por ejemplo nuestro pensamiento, cuántas cosas creamos gracias a nuestra imaginación.

Somos capaces de inventar, de crear, de avanzar y evolucionar gracias a que tenemos imaginación y podemos “ver” cosas que aún no existen.

Pero ello también puede repercutirnos en sentido negativo cuando “vemos” o imaginamos cosas que nos generan inquietud, miedo, ansiedad, tristeza.

Es ahí donde debemos recordar la pipa de Magritte, no existe ese miedo, darnos cuenta que estamos imaginándolo.

Pongamos un ejemplo.

Estoy con el ánimo bajo y comienzo a pensar, a imaginar, que no voy a ser feliz o no voy a conseguir mis propósitos.

¿Eso lo convierte en realidad? No.

Pero si es posible que me auto engañe y me vengan una serie de emociones ligadas a ese pensamiento muy reales que me hagan estar mal.

He ahí la importancia de darme cuenta de que lo que estoy haciendo en mi imaginación es pintar un cuadro bastante negro de mi vida.

Pero no es mi vida.

Cuida la imaginación, tiene alas muy poderosas.

Úsala en tu beneficio y date cuenta de los momentos en los que el cuadro te hace daño.

Y recuerda que no es la realidad, es la representación que tú estás haciendo de una realidad.

En tu mano sigue estando el pincel.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

ESO QUE TÚ te DAS

Este pasado domingo hemos podido ver en televisión la magnífica entrevista que Jordi Évole realizó a Pau Donés.

O quizás lo que vimos no fue una entrevista, más bien una revelación.

En “Eso que tú me das” impresiona ver desde tan cerca el final de una vida, pero desde el minuto uno lo que más impresiona aún es sentir, tan de cerca, cómo se habla de la vida.

Del amor por la vida.

Pau no habla desde la pantalla, habla desde el corazón.

Momentos como esos nos hacen recapitular, detenernos a pensar, a sentir, a darnos cuenta, son momentos de un valor incalculable porque tienen un gran poder, lo podemos sentir.

Sin embargo, por experiencia, sabemos que a veces resulta tan difícil retenerlos como el agua en la palma de la mano.

Los primeros días son de total presencia, podemos planear cambios en nuestra vida o en nuestra forma de vivirla.

Las primeras semanas va perdiendo algo de fuerza, todo ese poder parece que se va erosionando con nuestro día a día.

Volvemos a enfadarnos y frustrarnos con cosas que habíamos visto que no eran tan importantes.

Eso que pusimos lo primero de la lista vuelve a caer poco a poco a posiciones más retrasadas y olvidadas.

Pasados los meses quizás ya nos hemos olvidado, quizás solo nos venga el recuerdo ante algún comentario, ante alguien que vuelva a hacer resurgir el nombre de Pau.

¿Porqué aquello que nos hace bien, que sabemos que es bueno para nosotros, es tan fácil dejar de hacerlo?

Lo primero es ser consciente de que nuestros estilos de vida conllevan un ritmo muy rápido, muchos deberes y quehaceres que nos impiden tener tiempo para parar y observar.

Así mismo también tenemos cierto sentimiento de egoísmo cuando escuchamos hablar de cuidarse, de darse lo que uno necesita.

Y por último, vivimos en una sociedad y cultura que no empuja al autoconocimiento ni al bienestar emocional.

Todo lo contrario, empuja a estar pendiente de los demás y vivir entorno a ellos, en una carrera por no quedarse rezagado.

La felicidad se encuentra de puertas a dentro, pero lo que nos enseñan es que la felicidad está de puertas a fuera.

Por ello el título de esta entrada.

Hemos podido tener la suerte de que exista “Eso que tú me das”.

Sin embargo es un título engañoso, ya que Pau Donés, lo que nos enseña, es a querer y a amar Eso que tú TE das.

Que sean nuestras manos las que nos acaricien, nuestro corazón el que nos ame, nuestra mente la que nos cuide y nuestro cuerpo el que nos lleve…

¿Dónde?

Donde tú quieras.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

LA VOZ INTERIOR

Puede ser que en ocasiones te hayas descubierto hablando contigo mismo, en voz alta o en silencio, alentándote o reprendiéndote. No te asustes, es normal. Es nuestra voz interior.

Por voz interior no nos referimos más que a nuestros pensamientos, al acto de hablar con nosotros mismos.

Somos capaces de hacer esto porque somos auto conscientes, es decir, tenemos consciencia de nuestra presencia, de lo que sentimos y de lo que pensamos.

Esto nos hace no ser meramente actores de nuestra vida, sino también guionistas y observadores de la misma.

Es desde el puesto de observador desde el que podemos tomar distancia y analizar todo lo que nos rodea o sucede.

En ocasiones nos asustamos y creemos que es algo malo, pero para nada, es más, lo bueno es poder llegar a ser plenamente consciente de ese diálogo.

Nosotros mismos somos la persona con la que más hablamos en nuestra vida así que es muy sano que seamos conscientes de ese diálogo.

No serlo nos puede llevar a una comunicación no solo ineficaz, sino también dañina.

Una comunicación ineficaz puede ser generadora de ansiedad, puedo decirme: «mañana será otro día asqueroso» sin darme cuenta de que, primero, no sé lo que va a pasar mañana, segundo, uso una palabra que impacta emocionalmente como «asqueroso».

Una comunicación dañina se puede dar cuando se nos cae algo o cometemos un error, qué típico es decirnos «qué bobo soy», «qué tonta». Insultarnos a nosotros mismos no es la mejor forma de labrar una relación sana con nosotros mismos.

Darse cuenta. Esa es la clave.

Amarse, respetarse y perdonarse. Deberían ser las directrices que sigamos a la hora de hablar con nosotros mismos.

Mejoraremos nuestra seguridad, nuestra autoestima, nuestra valía, nuestro amor propio, nuestra confianza…

No hay salud sin un buen trato.

Empieza por ti.

Un abrazo.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

HABLEMOS DE EMOCIONES

¿Conoces la diferencia entre emoción y sentimiento? ¿Cuántas emociones conoces? ¿Dónde las identificas en tu cuerpo? ¿Te permites expresarlas?

Vamos a ver, en primer lugar, qué diferencia hay entre una emoción y un sentimiento, palabras muchas veces usadas como sinónimos.

Dentro de que, por supuesto, ambas son casi hermanas, podemos describir como la emoción aquella que es inconsciente, espontánea, incontrolable y cuya expresión se puede observar en el rostro.

Es decir, cuando alguien nos da un susto, no podemos evitar asustarnos, no podemos controlar la cara de susto que ponemos, no podemos evitar nuestra primera reacción como pegar un grito o un salto.

El sentimiento será aquello que pueda o no quedar tras esa primera reacción emocional.

Si alguien me asusta puede ser que el resto de semana sienta miedo porque eso pueda volver a suceder.

Pero también me puedo quedar con un sentimiento de rabia hacia la persona que me asustó.

El sentimiento, al ser mantenido en el tiempo, sí es algo creado por nosotros y que por lo tanto puede ser modificado o mantenido.

Puedo seguir manteniendo la rabia hacia esa persona una semana, un mes o incluso años!

Si mi pensamiento se vuelve rumiativo y no hago más que pensar en que lo hizo con maldad, en que es una mala persona, en odiar a esa persona por asustarme y dejarme en vergüenza… esa rabia quedará en mi.

Pero no será la otra persona la responsable de que esa rabia desaparezca, seré yo.

Una máxima de los sentimientos es que cada uno es responsable de aquello que siente.

No quiere decir que no vengan provocados por situaciones externas, una traición, una ruptura, un despido, una enfermedad… nos provocarán una emoción.

Pero la forma en que esa emoción se transforme en un tipo de sentimiento, así como su gestión, es totalmente nuestra.

Habrás visto como, al enfrentarse a una enfermedad, dos personas pueden tomar caminos totalmente diferentes.

Una puede quedarse con un sentimiento de tristeza, llegar a deprimirse, y otra, sin embargo, puede quedarse con un sentimiento de esperanza, de gratitud, de superación.

Los sentimientos tienen mucho que ver con la interpretación que hacemos de aquello que nos sucede.

Porque no es la vida y los sucesos, las personas y sus acciones. Somos más de 7 mil millones de personas en el mundo, y cada una, repito, cada una, interpreta su vida de una manera particular.

Si interpreto lo que me sucede de forma negativa incluso las emociones de alegría, como que me toque la lotería, las puedo convertir en sentimientos desagradables como el miedo: «ya verás como ahora no me suceden mas que desgracias».

Hablamos también de sentimientos y emociones agradables y desagradables, no de positivos y negativos.

No hay emociones negativas porque ninguna «sobra» ni «resta». Todas las emociones son un aviso acerca de algo.

De un peligro, de algo que es mejor evitar, de estar llegando a nuestro límite, de necesidad de compañía y apoyo…

Pueden ser desagradables a la hora de sentirlas porque nos generan inseguridad, angustia, ansiedad, temor… pero no son negativas.

Son señales que nos envía nuestra mente y cuerpo para decirnos que algo está sucediendo, así que lo primero que hay que hacer es escuchar esas señales.

Si las ignoramos y no hacemos caso es ahí donde podemos llegar a estar mal y necesitar ayuda profesional.

Seguramente en momentos en que te has sentido realmente mal no ha sido un cambio de una hora a otra.

Normalmente son sentimientos que se llevan arrastrando semanas, meses, años y que ignoramos, negamos o evitamos.

Como dijo William James «el hombre es una gota de razón en un océano de emociones»

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

ACERCA DE LA PERFECCIÓN

Ser perfecto es un ideal, no hay posibilidad de alcanzar la perfección ya que esa perfección siempre será un constructor subjetivo, y hay miles de millones de subjetividades.

No me ha quedado perfecto.

Podría estar mejor.

Quiero que salga perfecto.

Si no es perfecto no me vale.

Está bien, pero la próxima vez que salga perfecto.

Todo lo anterior son frases que hemos podido escuchar o decir, más o menos parecidas, a lo largo de nuestra vida.

Tenemos una meta suprema, inalcanzable, que es la perfección en las diversas áreas de nuestra vida.

En lo laboral, en lo económico, en lo social, en la pareja, en lo personal… las aspiraciones suelen ser en esa dirección.

Las preguntas también suelen serlo: ¿Cómo sería para ti la pareja perfecta? ¿y el trabajo perfecto? ¿y las vacaciones perfectas?

No está mal plantearse un ideal, siempre y cuando nos perdamos de vista que es eso, algo ideal.

El problema es cuando lo perfecto se confunde y se vuelve una necesidad, un anhelo y una obsesión.

Cuando creemos que sí es algo alcanzable, y no solo alcanzable como opción, sino como obligación, y pasamos a evaluarnos en base a cuánto estamos de lejos con respecto a ello.

Pero no hay nada perfecto, o por lo menos no deberíamos tomarlo así.

Este momento puede ser un momento muy bueno, lectura, música de fondo, momento de calma después de un día intenso…

Puede ser placentero, puede ser relajante, puede ser sanador… pero si lo etiquetamos de perfecto, cualquier pequeña intromisión, que se vaya la luz, que suene el teléfono… puede provocar que todo eso se venga abajo.

Nuestro humor cambiaría porque hemos perdido nuestro momento perfecto!

Identificaríamos que en lo perfecto no tiene cabida lo desagradable, lo inoportuno, los accidentes, los cambios, la incertidumbre

Y eso nos llevaría a frustrarnos y a querer conseguir erradicar todo eso para que siga siendo perfecto.

Enfocar la vida así puede provocar mucha ansiedad.

Si lo enfoco desde momentos buenos, placenteros, agradables… acepto que esos momentos también pueden verse alterados por mil situaciones.

Pero también soy consciente de que eso existe, de que sigue siendo parte de la vida, y de que yo puedo volver a crear un momento de paz aún a riesgo de que me vuelva a sonar el móvil.

Porque no busco que sea perfecto, simplemente tener ese momento de paz o tranquilidad.

No me estreso pensando en cómo hacer para que nada falle porque así nunca encontraré esa paz.

Si algo no sale según lo planeado no me castigo por ello, porque eso es parte de la vida.

No busco que sea perfecto, busco que sea.

Y dentro de ese ser, disfrutarlo de la mejor manera.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

CON PERSPECTIVA

Somos seres visuales, es muy importante para nosotros «ver» lo que sucede o va a suceder, «mirar» por los demás, «observar» cómo estamos…

A través de nuestra imaginación creamos escenarios, hablamos con personas e imaginamos un sin fin de situaciones del mismo modo que una película o una obra de teatro.

Pero a veces nos cuesta ver mas allá.

En ocasiones lo vemos todo negro.

Nos sentimos ciegos de ira o rabia.

No somos capaces de enfocar metas u objetivos en la vida.

Bien. Respira. Coge aire, inhala profundamente y suelta lentamente.

Es importante en situaciones tristes, dolorosas, frustrantes… coger aire y elevarse, situarse a vista de pájaro.

Y, desde la distancia, volver a empezar a ver. No se trata de negar los sucesos presentes. Se trata de ser más justo.

Seguro que no «todo» te ha ido mal en la vida, tampoco será probable que «siempre» te pasen a ti las cosas desagradables.

Vuelve a ver lo que tienes e igual has situado en la sombra, vuelve a observar lo que has conseguido, de lo que has sido capaz, mira la gente que te quiere y apoya, enfócate en el hoy y agarra lo que sí tienes.

Mira tu ciudad, tu país, tu continente, el mundo, el universo.

¿Por qué puedes dar las gracias? ¿Abrir el grifo y que salga agua? ¿Cuánta gente en el mundo no tiene ese lujo?

Vuelvo a repetir, no se trata de negar lo que nos sucede.

Pero tampoco se trata de negar lo que sí nos sucede.

Cuestión de perspectiva. Observar los dos lados, o igual tiene tres, o igual tiene cuatro.

Observa y pon en perspectiva. Haz de lo que te sucede en este momento una razón para seguir.

Obsérvate en el espejo. Te debes a ti. Acércate.

Como dice la letra de una canción «si había sombras es que siempre hubo luz«

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista.

LOS TRES PILARES DEL BIENESTAR

No busques fuera, encuentra dentro.

Con esta primera frase quiero dejar claro lo que entiendo por bienestar, una tranquilidad, una serenidad, un amor propio que se mantenga a pesar de los cambios que ocurran fuera.

En la vida, en la de cada uno en particular y en la de todos en general, ocurren sucesos que no siempre dependen de nosotros.

Pero ante situación, a veces, no elegida, lo que sí podemos decidir es el trato que nos damos con respecto a ella.

Y no se trata de sobre protegerse, no es una fidelidad ciega a uno mismo que no nos permita reconocer errores o que nos lleve a justificar faltas cometidas.

Es decidir y vivir desde tres pilares que considero básicos en la relación con nosotros mismos y mismas.

Amarse

Respetarse

Perdonarse

En el amor, en el cariño, en el calor de la cercanía incondicional, encontramos el lugar al que solemos llamar hogar.

Amarse de una manera sana, creyendo en uno, dándose oportunidades, apoyándose, ilusionándose, es encontrarse siempre en el lugar donde la puerta está siempre abierta.

En el respeto encontramos el auto cuidado, seguramente no tolerarías una persona a tu lado llamándote «tonta», «imbécil», «torpe», diciéndote que «no valgo nada», «soy lo peor»…

Sin embargo, es fácil que nosotros mismos nos lo digamos.

Date cuenta de este diálogo permanente que mantenemos en nuestra cabeza y empieza a respetarte.

Permítete tener un valor, un valor que debería ser mayúsculo.

Perdonarse, el haber fallado, el haber no sabido, el haber sido engañados o traicionados, el haber cometido errores.

Perdónate y déjalo ir.

Perdónate porque ésta es la primera vez que vives la vida, date cuenta de ello.

Perdonarse es no culparse por vivir de la mejor manera que sabemos y podemos.

Intenta tener esto presente en tu vida, en tu día a día.

A ti, que estás leyendo estas palabras, un abrazo enorme.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

¿ES POSIBLE EL CAMBIO?

En ocasiones, cuando las personas acudimos a terapia, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿de verdad puedo cambiar?

Hay algo que nos hace dudar de que pueda dejar atrás mis miedos, mis inseguridades, mi estado emocional, superar la adversidad de una pérdida…

Llevamos mucho tiempo escuchando que uno es como es, que es así y ya está, que aunque la mona se vista de seda… yo soy así y ya está.

Sin embargo el cambio es posible, absolutamente.

Esto es debido a que, aunque parte de la personalidad pueda tener un componente biológico, mucha otra parte ha ido conformándose a través de aprendizajes.

Desde el minuto cero nos adaptamos a nuestro entorno, a nuestros padres, a nuestras situaciones y circunstancias.

Estamos en constante adaptación.

Es por ello que es importante conocer y descubrir de forma consciente todas aquellas armas y estrategias que desarrollamos a nivel inconsciente desde la infancia.

Esto nos permite aprender otras, decidir cómo y de qué forma usarlas e ir acostumbrándonos a dejar de lado aquellas que nos pueden ser dañinas.

Por todo ello el cambio es posible, se trata de volver a readaptarse pero, esta vez, eligiendo nosotros como adultos las mejores estrategias.

Se puede aprender a identificar emociones, a sentirlas en el cuerpo, a «escucharlas», darse cuenta de cómo pienso y qué me digo…

Usando un símil sería el paso de conducir un coche y usarlo diariamente a empezar a abrir el capó y descubrir nombre y funcionamiento de cada pieza y mecanismo.

Así uno va viendo conexiones, va dándose cuenta de cómo un mal funcionamiento o pensamiento puede conllevar una mala emoción.

Va trabajando el presente, va ganando en confianza, en autoestima, en respeto hacia uno mismo…

En definitiva, empieza a vivir plenamente. Y no, no se trata de estar siempre feliz o conseguir que los problemas se terminen para siempre.

Se trata de que, pase lo que pase, tener la seguridad en mi para vivirlo, sentirlo, dejarlo ir, y seguir viviendo.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista.

SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA

Cuántas veces hemos oido o leído acerca del sentido de la vida, de buscarlo, de cómo encontrarlo, de si existe un sentido o no…

Ciertamente es un asunto complejo, algo encarado a la subjetividad de cada individuo, por ello vamos a contemplarlo desde dicho punto de vista.

Empecemos por separar la vida del individuo, es decir, entendamos por vida todo aquello que sucede sin tener nosotros un control sobre ello.

La vida entendida como el universo, toda la materia y seres que en él habitan, todo aquello que podemos conocer y todo aquello que aún desconocemos.

La vida como el medio ambiente donde habitamos, nosotros pertenecemos a la vida, la vida no nos pertenece a nosotros.

Lo que sí es cierto es que nuestra propia vida, la del individuo que cada uno somos, sí que es nuestra responsabilidad.

Pero es importante observar que cada ser humano es único e irrepetible.

Esto es muy importante.

Nos relacionamos con la vida a través de nuestros sentidos y nuestro entendimiento, es decir, hacemos una interpretación de lo que nos ocurre y lo que sucede.

Y como cada ser es único e irrepetible también cada uno hace una interpretación de la vida.

De ahí que no es que la vida tenga un sentido que debemos descubrir, sino que cada uno de nosotros le va a dar un sentido a la vida, a la suya en particular y a la que le rodea en general.

Darse cuenta de que soy el creador de esta interpretación es muy importante.

Sin esta consciencia interpretaré automáticamente y creeré que mi vida no está en mis manos sino en las circunstancias que me ocurran.

La vida genera una serie de circunstancias por ejemplo la pandemia, pero dentro de esas circunstancias cada uno decide.

Y decidimos desde NUESTRA interpretación de esas situaciones y circunstancias.

De ahí que a veces sea tan importante tener un tiempo para ver cómo interpreto la vida, mi vida, la vida de los demás, mis relaciones.

Cambiar esta interpretación y hacerla reposar en mis manos es parte del bienestar vital.

Una interpretación dañina o errónea puede provocar una vida de sufrimiento.

La vida no tiene un sentido.

Cada uno debe dárselo, cada día, cada hora.

Usa este poder a tu favor.

Pablo Fernández. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista

PÉRDIDAS Y GANANCIAS

En toda vida se dan, en toda existencia hay momentos, ciclos, en los que podemos perder algo importante para nosotros pero, también, existen aquellos en los que se gana.

Sin embargo es fácil quedarse con el recuerdo de las pérdidas, o que sea más fácil que éstas acudan a nuestro recuerdo cuando ponemos en una balanza pérdidas y ganancias.

Esto se debe a que, normalmente, la pérdida es algo inmediato, algo que sucede abruptamente aún por muy esperada que haya sido.

La pérdida, por esa inmediatez, resulta muy dolorosa, un dolor del que podemos tardar mucho tiempo en reponernos, un dolor que hace perder la esperanza.

Debido a esto, su inmediatez y su impacto emocional, queda grabada a fuego en nuestro recuerdo.

La ganancia, por otro lado, es algo paulatino, no es un impacto sino un aprendizaje, no tiene alta carga emocional sino que es algo que va penetrando en nosotros y, más que verla venir, un día nos sorprendemos ya con ella dentro.

Por eso las ganancias necesitan un espacio para pensar, meditar, observar, hacer consciente… la ganancia no va a venir a llamar a tu puerta, tienes que ir a buscarla.

Muchas veces, debido a nuestros ritmos de vida, nos hacemos conscientes únicamente de las pérdidas, de los fracasos, de las desilusiones, de los puntos de ruptura.

Pero debes saber que pérdida y ganancia conviven en la misma moneda.

Pese a que ahora veas solo la cruz, pasado un tiempo, si vuelves a coger esa moneda, seguramente verás la cara.

Si no consigues ver ese otro lado de la moneda, no debes preocuparte, siempre habrá alguien en quien apoyarte que te la muestre.

Pero tú eres la persona que debe buscar.

Las pérdidas son inmediatas, duras… pero las ganancias son eternas.

Pablo Fernández. Psicólogo, Psicoterapeuta Humanista