HABLEMOS DE EMOCIONES

¿Conoces la diferencia entre emoción y sentimiento? ¿Cuántas emociones conoces? ¿Dónde las identificas en tu cuerpo? ¿Te permites expresarlas?

Vamos a ver, en primer lugar, qué diferencia hay entre una emoción y un sentimiento, palabras muchas veces usadas como sinónimos.

Dentro de que, por supuesto, ambas son casi hermanas, podemos describir como la emoción aquella que es inconsciente, espontánea, incontrolable y cuya expresión se puede observar en el rostro.

Es decir, cuando alguien nos da un susto, no podemos evitar asustarnos, no podemos controlar la cara de susto que ponemos, no podemos evitar nuestra primera reacción como pegar un grito o un salto.

El sentimiento será aquello que pueda o no quedar tras esa primera reacción emocional.

Si alguien me asusta puede ser que el resto de semana sienta miedo porque eso pueda volver a suceder.

Pero también me puedo quedar con un sentimiento de rabia hacia la persona que me asustó.

El sentimiento, al ser mantenido en el tiempo, sí es algo creado por nosotros y que por lo tanto puede ser modificado o mantenido.

Puedo seguir manteniendo la rabia hacia esa persona una semana, un mes o incluso años!

Si mi pensamiento se vuelve rumiativo y no hago más que pensar en que lo hizo con maldad, en que es una mala persona, en odiar a esa persona por asustarme y dejarme en vergüenza… esa rabia quedará en mi.

Pero no será la otra persona la responsable de que esa rabia desaparezca, seré yo.

Una máxima de los sentimientos es que cada uno es responsable de aquello que siente.

No quiere decir que no vengan provocados por situaciones externas, una traición, una ruptura, un despido, una enfermedad… nos provocarán una emoción.

Pero la forma en que esa emoción se transforme en un tipo de sentimiento, así como su gestión, es totalmente nuestra.

Habrás visto como, al enfrentarse a una enfermedad, dos personas pueden tomar caminos totalmente diferentes.

Una puede quedarse con un sentimiento de tristeza, llegar a deprimirse, y otra, sin embargo, puede quedarse con un sentimiento de esperanza, de gratitud, de superación.

Los sentimientos tienen mucho que ver con la interpretación que hacemos de aquello que nos sucede.

Porque no es la vida y los sucesos, las personas y sus acciones. Somos más de 7 mil millones de personas en el mundo, y cada una, repito, cada una, interpreta su vida de una manera particular.

Si interpreto lo que me sucede de forma negativa incluso las emociones de alegría, como que me toque la lotería, las puedo convertir en sentimientos desagradables como el miedo: «ya verás como ahora no me suceden mas que desgracias».

Hablamos también de sentimientos y emociones agradables y desagradables, no de positivos y negativos.

No hay emociones negativas porque ninguna «sobra» ni «resta». Todas las emociones son un aviso acerca de algo.

De un peligro, de algo que es mejor evitar, de estar llegando a nuestro límite, de necesidad de compañía y apoyo…

Pueden ser desagradables a la hora de sentirlas porque nos generan inseguridad, angustia, ansiedad, temor… pero no son negativas.

Son señales que nos envía nuestra mente y cuerpo para decirnos que algo está sucediendo, así que lo primero que hay que hacer es escuchar esas señales.

Si las ignoramos y no hacemos caso es ahí donde podemos llegar a estar mal y necesitar ayuda profesional.

Seguramente en momentos en que te has sentido realmente mal no ha sido un cambio de una hora a otra.

Normalmente son sentimientos que se llevan arrastrando semanas, meses, años y que ignoramos, negamos o evitamos.

Como dijo William James «el hombre es una gota de razón en un océano de emociones»

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

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