ACERCA DE LA PERFECCIÓN

Ser perfecto es un ideal, no hay posibilidad de alcanzar la perfección ya que esa perfección siempre será un constructor subjetivo, y hay miles de millones de subjetividades.

No me ha quedado perfecto.

Podría estar mejor.

Quiero que salga perfecto.

Si no es perfecto no me vale.

Está bien, pero la próxima vez que salga perfecto.

Todo lo anterior son frases que hemos podido escuchar o decir, más o menos parecidas, a lo largo de nuestra vida.

Tenemos una meta suprema, inalcanzable, que es la perfección en las diversas áreas de nuestra vida.

En lo laboral, en lo económico, en lo social, en la pareja, en lo personal… las aspiraciones suelen ser en esa dirección.

Las preguntas también suelen serlo: ¿Cómo sería para ti la pareja perfecta? ¿y el trabajo perfecto? ¿y las vacaciones perfectas?

No está mal plantearse un ideal, siempre y cuando nos perdamos de vista que es eso, algo ideal.

El problema es cuando lo perfecto se confunde y se vuelve una necesidad, un anhelo y una obsesión.

Cuando creemos que sí es algo alcanzable, y no solo alcanzable como opción, sino como obligación, y pasamos a evaluarnos en base a cuánto estamos de lejos con respecto a ello.

Pero no hay nada perfecto, o por lo menos no deberíamos tomarlo así.

Este momento puede ser un momento muy bueno, lectura, música de fondo, momento de calma después de un día intenso…

Puede ser placentero, puede ser relajante, puede ser sanador… pero si lo etiquetamos de perfecto, cualquier pequeña intromisión, que se vaya la luz, que suene el teléfono… puede provocar que todo eso se venga abajo.

Nuestro humor cambiaría porque hemos perdido nuestro momento perfecto!

Identificaríamos que en lo perfecto no tiene cabida lo desagradable, lo inoportuno, los accidentes, los cambios, la incertidumbre

Y eso nos llevaría a frustrarnos y a querer conseguir erradicar todo eso para que siga siendo perfecto.

Enfocar la vida así puede provocar mucha ansiedad.

Si lo enfoco desde momentos buenos, placenteros, agradables… acepto que esos momentos también pueden verse alterados por mil situaciones.

Pero también soy consciente de que eso existe, de que sigue siendo parte de la vida, y de que yo puedo volver a crear un momento de paz aún a riesgo de que me vuelva a sonar el móvil.

Porque no busco que sea perfecto, simplemente tener ese momento de paz o tranquilidad.

No me estreso pensando en cómo hacer para que nada falle porque así nunca encontraré esa paz.

Si algo no sale según lo planeado no me castigo por ello, porque eso es parte de la vida.

No busco que sea perfecto, busco que sea.

Y dentro de ese ser, disfrutarlo de la mejor manera.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

CON PERSPECTIVA

Somos seres visuales, es muy importante para nosotros «ver» lo que sucede o va a suceder, «mirar» por los demás, «observar» cómo estamos…

A través de nuestra imaginación creamos escenarios, hablamos con personas e imaginamos un sin fin de situaciones del mismo modo que una película o una obra de teatro.

Pero a veces nos cuesta ver mas allá.

En ocasiones lo vemos todo negro.

Nos sentimos ciegos de ira o rabia.

No somos capaces de enfocar metas u objetivos en la vida.

Bien. Respira. Coge aire, inhala profundamente y suelta lentamente.

Es importante en situaciones tristes, dolorosas, frustrantes… coger aire y elevarse, situarse a vista de pájaro.

Y, desde la distancia, volver a empezar a ver. No se trata de negar los sucesos presentes. Se trata de ser más justo.

Seguro que no «todo» te ha ido mal en la vida, tampoco será probable que «siempre» te pasen a ti las cosas desagradables.

Vuelve a ver lo que tienes e igual has situado en la sombra, vuelve a observar lo que has conseguido, de lo que has sido capaz, mira la gente que te quiere y apoya, enfócate en el hoy y agarra lo que sí tienes.

Mira tu ciudad, tu país, tu continente, el mundo, el universo.

¿Por qué puedes dar las gracias? ¿Abrir el grifo y que salga agua? ¿Cuánta gente en el mundo no tiene ese lujo?

Vuelvo a repetir, no se trata de negar lo que nos sucede.

Pero tampoco se trata de negar lo que sí nos sucede.

Cuestión de perspectiva. Observar los dos lados, o igual tiene tres, o igual tiene cuatro.

Observa y pon en perspectiva. Haz de lo que te sucede en este momento una razón para seguir.

Obsérvate en el espejo. Te debes a ti. Acércate.

Como dice la letra de una canción «si había sombras es que siempre hubo luz«

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista.

LOS TRES PILARES DEL BIENESTAR

No busques fuera, encuentra dentro.

Con esta primera frase quiero dejar claro lo que entiendo por bienestar, una tranquilidad, una serenidad, un amor propio que se mantenga a pesar de los cambios que ocurran fuera.

En la vida, en la de cada uno en particular y en la de todos en general, ocurren sucesos que no siempre dependen de nosotros.

Pero ante situación, a veces, no elegida, lo que sí podemos decidir es el trato que nos damos con respecto a ella.

Y no se trata de sobre protegerse, no es una fidelidad ciega a uno mismo que no nos permita reconocer errores o que nos lleve a justificar faltas cometidas.

Es decidir y vivir desde tres pilares que considero básicos en la relación con nosotros mismos y mismas.

Amarse

Respetarse

Perdonarse

En el amor, en el cariño, en el calor de la cercanía incondicional, encontramos el lugar al que solemos llamar hogar.

Amarse de una manera sana, creyendo en uno, dándose oportunidades, apoyándose, ilusionándose, es encontrarse siempre en el lugar donde la puerta está siempre abierta.

En el respeto encontramos el auto cuidado, seguramente no tolerarías una persona a tu lado llamándote «tonta», «imbécil», «torpe», diciéndote que «no valgo nada», «soy lo peor»…

Sin embargo, es fácil que nosotros mismos nos lo digamos.

Date cuenta de este diálogo permanente que mantenemos en nuestra cabeza y empieza a respetarte.

Permítete tener un valor, un valor que debería ser mayúsculo.

Perdonarse, el haber fallado, el haber no sabido, el haber sido engañados o traicionados, el haber cometido errores.

Perdónate y déjalo ir.

Perdónate porque ésta es la primera vez que vives la vida, date cuenta de ello.

Perdonarse es no culparse por vivir de la mejor manera que sabemos y podemos.

Intenta tener esto presente en tu vida, en tu día a día.

A ti, que estás leyendo estas palabras, un abrazo enorme.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

¿ES POSIBLE EL CAMBIO?

En ocasiones, cuando las personas acudimos a terapia, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿de verdad puedo cambiar?

Hay algo que nos hace dudar de que pueda dejar atrás mis miedos, mis inseguridades, mi estado emocional, superar la adversidad de una pérdida…

Llevamos mucho tiempo escuchando que uno es como es, que es así y ya está, que aunque la mona se vista de seda… yo soy así y ya está.

Sin embargo el cambio es posible, absolutamente.

Esto es debido a que, aunque parte de la personalidad pueda tener un componente biológico, mucha otra parte ha ido conformándose a través de aprendizajes.

Desde el minuto cero nos adaptamos a nuestro entorno, a nuestros padres, a nuestras situaciones y circunstancias.

Estamos en constante adaptación.

Es por ello que es importante conocer y descubrir de forma consciente todas aquellas armas y estrategias que desarrollamos a nivel inconsciente desde la infancia.

Esto nos permite aprender otras, decidir cómo y de qué forma usarlas e ir acostumbrándonos a dejar de lado aquellas que nos pueden ser dañinas.

Por todo ello el cambio es posible, se trata de volver a readaptarse pero, esta vez, eligiendo nosotros como adultos las mejores estrategias.

Se puede aprender a identificar emociones, a sentirlas en el cuerpo, a «escucharlas», darse cuenta de cómo pienso y qué me digo…

Usando un símil sería el paso de conducir un coche y usarlo diariamente a empezar a abrir el capó y descubrir nombre y funcionamiento de cada pieza y mecanismo.

Así uno va viendo conexiones, va dándose cuenta de cómo un mal funcionamiento o pensamiento puede conllevar una mala emoción.

Va trabajando el presente, va ganando en confianza, en autoestima, en respeto hacia uno mismo…

En definitiva, empieza a vivir plenamente. Y no, no se trata de estar siempre feliz o conseguir que los problemas se terminen para siempre.

Se trata de que, pase lo que pase, tener la seguridad en mi para vivirlo, sentirlo, dejarlo ir, y seguir viviendo.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista.

SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA

Cuántas veces hemos oido o leído acerca del sentido de la vida, de buscarlo, de cómo encontrarlo, de si existe un sentido o no…

Ciertamente es un asunto complejo, algo encarado a la subjetividad de cada individuo, por ello vamos a contemplarlo desde dicho punto de vista.

Empecemos por separar la vida del individuo, es decir, entendamos por vida todo aquello que sucede sin tener nosotros un control sobre ello.

La vida entendida como el universo, toda la materia y seres que en él habitan, todo aquello que podemos conocer y todo aquello que aún desconocemos.

La vida como el medio ambiente donde habitamos, nosotros pertenecemos a la vida, la vida no nos pertenece a nosotros.

Lo que sí es cierto es que nuestra propia vida, la del individuo que cada uno somos, sí que es nuestra responsabilidad.

Pero es importante observar que cada ser humano es único e irrepetible.

Esto es muy importante.

Nos relacionamos con la vida a través de nuestros sentidos y nuestro entendimiento, es decir, hacemos una interpretación de lo que nos ocurre y lo que sucede.

Y como cada ser es único e irrepetible también cada uno hace una interpretación de la vida.

De ahí que no es que la vida tenga un sentido que debemos descubrir, sino que cada uno de nosotros le va a dar un sentido a la vida, a la suya en particular y a la que le rodea en general.

Darse cuenta de que soy el creador de esta interpretación es muy importante.

Sin esta consciencia interpretaré automáticamente y creeré que mi vida no está en mis manos sino en las circunstancias que me ocurran.

La vida genera una serie de circunstancias por ejemplo la pandemia, pero dentro de esas circunstancias cada uno decide.

Y decidimos desde NUESTRA interpretación de esas situaciones y circunstancias.

De ahí que a veces sea tan importante tener un tiempo para ver cómo interpreto la vida, mi vida, la vida de los demás, mis relaciones.

Cambiar esta interpretación y hacerla reposar en mis manos es parte del bienestar vital.

Una interpretación dañina o errónea puede provocar una vida de sufrimiento.

La vida no tiene un sentido.

Cada uno debe dárselo, cada día, cada hora.

Usa este poder a tu favor.

Pablo Fernández. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista

PÉRDIDAS Y GANANCIAS

En toda vida se dan, en toda existencia hay momentos, ciclos, en los que podemos perder algo importante para nosotros pero, también, existen aquellos en los que se gana.

Sin embargo es fácil quedarse con el recuerdo de las pérdidas, o que sea más fácil que éstas acudan a nuestro recuerdo cuando ponemos en una balanza pérdidas y ganancias.

Esto se debe a que, normalmente, la pérdida es algo inmediato, algo que sucede abruptamente aún por muy esperada que haya sido.

La pérdida, por esa inmediatez, resulta muy dolorosa, un dolor del que podemos tardar mucho tiempo en reponernos, un dolor que hace perder la esperanza.

Debido a esto, su inmediatez y su impacto emocional, queda grabada a fuego en nuestro recuerdo.

La ganancia, por otro lado, es algo paulatino, no es un impacto sino un aprendizaje, no tiene alta carga emocional sino que es algo que va penetrando en nosotros y, más que verla venir, un día nos sorprendemos ya con ella dentro.

Por eso las ganancias necesitan un espacio para pensar, meditar, observar, hacer consciente… la ganancia no va a venir a llamar a tu puerta, tienes que ir a buscarla.

Muchas veces, debido a nuestros ritmos de vida, nos hacemos conscientes únicamente de las pérdidas, de los fracasos, de las desilusiones, de los puntos de ruptura.

Pero debes saber que pérdida y ganancia conviven en la misma moneda.

Pese a que ahora veas solo la cruz, pasado un tiempo, si vuelves a coger esa moneda, seguramente verás la cara.

Si no consigues ver ese otro lado de la moneda, no debes preocuparte, siempre habrá alguien en quien apoyarte que te la muestre.

Pero tú eres la persona que debe buscar.

Las pérdidas son inmediatas, duras… pero las ganancias son eternas.

Pablo Fernández. Psicólogo, Psicoterapeuta Humanista

QUÉ ES CONOCERSE UNO MISMO

Seguramente, en muchas ocasiones, has leído o escuchado esa frase tan repetida de «Conócete a tí mismo», frase que ya estaba a la entrada del oráculo de Delfos y que escritores, filósofos, poetas y demás personas a lo largo de la humanidad, han puesto como fin último y supremo del ser humano.

Ahora bien, ¿qué es eso de conocerse uno a sí mismo? ¿Acaso no se da por supuesto que uno mismo es el que mejor se conoce?

Vamos a ver que, pese a convivir con nosotros mismos, hay determinados puntos de los que igual no somos conscientes y hacia los que se suele enfocar la terapia cuando se trata de concerse mejor a sí mismo.

Primero vamos a hablar de hablar. Algo que suelo preguntar en mis primeras sesiones es: ¿quién es la persona con la que más hablas en tu día a día?

Piensa… vamos a ver si has llegado a dar con la solución correcta… la respuesta es, sí, contigo mismo. Nuestros pensamientos son lenguaje, y no paramos en todo el día de decirnos cosas. Ahora bien, ¿somos conscientes de lo que nos decimos, cómo nos lo decimos? Desgraciadamente nuestros propios pensamientos nos suelen pasar muy desapercibidos.

Darse cuenta de lo que piensas es un buen ejercicio para empezar a concerte y, sobre todo, para darte cuenta de cómo te tratas a ti mismo.

Segundo, un conocimiento más puro de uno mismo pasa por volver a repasar la historia de vida, y con esto me refiero a poder hablar y observar nuestra infancia y maduración.

Todos nacemos y crecemos rodeados por un ambiente y por unas determinadas personas, las cuales nos influyen.

Visualiza un bebé, un niño muy pequeño, y piensa en todo lo que se le dice acerca de cómo tiene que comportarse, ser, hacer, decir, pensar acerca de sí, de los demás, del mundo…

Directa e indirectamente se nos educa en unos valores y unas creencias ante las cuales todos nos adaptamos, pero es una adaptación tan «natural» que nos parece que ha sido en todo momento elegida libremente.

Por ello es bueno ver cómo esas adaptaciones me pueden condicionar a día de hoy de tal manera que puedan generarme obstáculos o quizás no sean las herramientas mas útiles para mi vida como adulto.

Llegar a esas dos cosas, darse cuenta de lo que nos decimos día a día, y ser consciente de cómo mi vida me ha llevado a actuar y/o pensar de determinadas maneras es una parte importante del autoconocimiento.

Una tercera sería la capacidad para tener conciencia y una buena gestión emocional. A día de hoy ya no resulta raro que nos hablen de inteligencia emocional. Aún así, hay mucho más trabajo mas allá de la teoría, es bueno conocerlas pero también reconocerlas en el propio cuerpo.

Así mismo es bueno y sano ver, en cada caso e historia de vida, cuál es la razón profunda para que unas emociones se puedan activar más que otras o porqué nos cuesta gestionar alguna de ellas.

Con todo ello simplemente espero que veas que el cambio es posible, la mejora, el crecimiento… se trata de poco a poco, y con un buen acompañamiento profesional, ir redescubriéndonos.

El resultado merece la pena. Serás tú.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista.

El primer paso

No hay lugar ni momento al que se llegue sin un comienzo, sin un primer paso en esa dirección. A veces, hasta no hay dirección, o no la conocemos, y aún así hay que dar ese primer paso, con incertidumbre, con dudas, con miedos.

La vida es un continuo avance, un continuo cambio, nada permanece estático y, sin embargo, nuestro sueño, nuestra idea de felicidad, suele ser una foto fija, un querer que este o ese momento sean para siempre.

Es dificil vivir, vamos experimentando, aprendiendo, y atravesamos momentos de todo tipo, de felicidad, de instatisfacción, de tristeza, de ilusión… y todo ello forma parte de la vida.

Aunque deseemos que algunos no existan.

El bienestar es posible, y lo es debido a que no se trata de un positivismo inmortal, no se refiere a un engañarse y ver luz donde quizás hay oscuridad.

El bienestar trata de uno mismo consigo mismo.

Hay un primer paso en ello, acudir a terapia puede ser uno. Cada uno decide su momento y su lugar, pero aunque aún no lo hayas encontrado, existe.

Las cosas pueden cambiar, se trata de dar ese primer paso.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.