EL JUICIO

Una de las mayores causas de ansiedad, de angustia, de malestar, es el miedo a ser juzgados.

De una manera u otra todos hemos juzgado y prejuzgado alguna vez.

Los prejuicios no dejan de ser una valoración en base a supuestos aún no demostrados, pensamientos que creemos totalmente razonados pero que no tienen base objetiva.

En la base del racismo, xenofobia, misoginia… están los prejuicios y los juicios de valor.

Por eso es tan difícil darse cuenta de que estamos juzgando o prejuzgando ya que consideramos que eso lo hacen sectores con los que estamos en desacuerdo.

Pero lo hacemos, y normalmente bastante más de lo debido.

El problema está en darse cuenta.

Por eso algo indispensable es desarrollar la capacidad de autoobservación.

La metacognición es la capacidad de pensar sobre lo que estoy pensando y es una herramienta básica para frenar los prejuicios.

Cuando yo digo que alguien pensará algo de mi por cómo voy vestido, cuando creo que no me darán un trabajo por mi tatuaje… estoy prejuzgando.

Cuando creo que sin dinero la gente no te respeta, cuando creo que si te hacen un favor esperan algo a cambio… estoy prejuzgando.

Es darse cuenta de que no hay un “todo el mundo”, un “seguro que piensa”, un “sé bien que me va a decir…”, eso es prejuzgar.

Y conlleva mucha ansiedad e inseguridad.

Porque es como un resorte automático que salta cuando hay más personas, cuando cometo un error…

Es importante aceptar y comprender que cuando creo que otra persona va a opinar sobre mi es porque yo mismo ya me estoy juzgando.

La mayor parte de juicios y prejuicios que pongo en los demás vienen de una parte mía que se juzga a sí misma.

Una parte que si no se trabaja hace estar a la defensiva, desconfiar, sentir rabia…

De ahí la importancia de trabajarlo en terapia, ser consciente de como mi mente crea realidades y ficciones.

Muchos de los pesos que llevamos, de la opresión en el pecho, del dolor de cuello y hombros, viene del miedo a ser juzgado.

También es el gran miedo que nos impide hablar abiertamente, ser nosotros mismos.

Te animo a liberarte de juicios y prejuicios, a caminar y vivir libre de cadenas.

Un abrazo

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista.

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