LO QUE LEVANTA LA COMETA

O cómo no olvidar de qué está formado el aire que nos eleva.

Seguramente todos hemos tenido la ocasión de observar una cometa elevándose por el aire, quizás hasta hayamos tenido la suerte de sostener los hilos en nuestras manos.

La cometa, en un inicio, permanece en el suelo, inerte, y es necesario un pequeño o mediano empuje nuestro para elevarla.

Hemos de generar una tensión entre la cuerda o hilo que la sujeta, nuestro cuerpo, y la cometa.

Una vez conseguida esa tensión hemos de movernos, tirar de ella para conseguir en cierto grado separarla del suelo.

Por último necesitamos algo de aire que la empuje hacia arriba.

Una vez allí nosotros somos los encargados de dirigirla.

Hemos conseguido nuestro objetivo, nos sentimos bien y es un momento placentero.

Pero si en ese momento de bienestar falla cualquier elemento de los referidos anteriormente, es fácil que la cometa se desplome.

Si dejamos de aplicar tensión, si deja de hacer aire, si soltamos los agarres…

Algo similar ocurre en nuestras vidas.

A veces llegamos a conseguir momentos de bienestar, de equilibrio, de paz, que poco a poco, sin darnos cuenta, vamos perdiendo.

Solemos olvidar seguir haciendo aquello que nos permitió alcanzar ese estado y nos sorprendemos cuando la cosa empieza a decaer.

Quizás alcanzar ese estado se logró a través de tener tiempo para uno mismo, o de tratarse bien, o del hacer todos los días alguna cosa que nos hiciese sentir bien.

Quizás compartíamos más, quizás nos alimentábamos mejor, quizás salíamos de paseo más a menudo por la naturaleza, quizás tocábamos un instrumento o pintábamos.

Y una vez arriba…soltamos eso que nos hacía estar bien.

Es fácil caer en ese “olvido”.

Si ahora estoy bien creo que la inercia ya seguirá siendo esa.

Estar bien requiere una implicación y una responsabilidad contigo mismo/a.

Se trata de no olvidar qué es lo que te hace bien, y ponerte a ello.

No suelen ser muchas cosas, seguramente se trata de tres o cuatro.

Lo importante es ser constante con ellas, no olvidarte que requieren un pequeño esfuerzo para ponerlas en marcha, una tensión que te active en su búsqueda.

Pero una vez que consigues estar ahí todo es más fácil.

De eso se trata el auto cuidado. Depende de ti.

Un abrazo.

Pablo Fernández Díaz. Psicólogo. Psicoterapeuta Humanista Integrativo.

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